Una expresión de devoción y cultura popular que, desde hace quince años, une a barrios y pueblos del distrito Tamaraceite–San Lorenzo–Tenoya en la Villa Mariana.
Hay tradiciones que no se marchitan con el tiempo, sino que permanecen como raíces profundas en la memoria de un pueblo. Tal es el caso de la Ofrenda ideada en 1953 por el artista Jesús Arencibia, a petición de Néstor Álamo, para participar en la Romería en honor a la Virgen del Pino. Aquella creación, concebida con la fuerza simbólica de los elementos más humildes y a la vez más poderosos de nuestra tierra, pervive hoy como testimonio de fe y cultura en la Villa Mariana.
En 2011, más de medio siglo después, la Asociación Juvenil Bentejuí del barrio de Piletas recuperó la ofrenda con fidelidad a su esencia original, devolviéndola al lugar que le corresponde en el corazón del pueblo. Quince años han transcurrido desde entonces y, en este 2025, la tradición vuelve a cobrar vida en Teror, manteniendo intactos los signos que la hicieron única: la guirnalda de eucalipto con la que se laurea a la Virgen, imagen de triunfo y de consagración, pues así como los antiguos laureaban a los vencedores, el pueblo corona a la Madre como Reina y Protectora; los faroles, que iluminan el caminar de los fieles recordando a Cristo, luz del mundo; los sahumerios, cuyo incienso sube como plegaria hasta el cielo evocando el sacrificio espiritual de cada devoto, y la cruz del sacrificio hecha de pitón, que se tiende ante la Virgen como acto litúrgico de humildad y entrega, reconociendo en ella el consuelo, la mediación y la esperanza.
La indumentaria otorga a la ofrenda su marco histórico y simbólico, pues no es un simple atavío, sino un signo de continuidad con la memoria popular de Gran Canaria. Las mujeres se presentan con sagalejo blanco, refajo rojo y falda negra, que evocan la sobriedad de las campesinas, junto a la mantilla canaria negra, distintivo indispensable de respeto y recogimiento. Los hombres, por su parte, visten pantalón negro de tela remangado y fajín que evocan el trabajo cotidiano, chaleco negro y sombrero de palma, inseparable de la tradición isleña. Tanto ellos como ellas calzan alpargatas, o incluso van descalzos, compartiendo la humildad de un pueblo que camina sin vanidad.
Si bien esta ofrenda nació para formar parte de la Romería, en los últimos años no ha podido integrarse en ella debido a la limitación de representaciones que establece la Consejería de Cultura del Cabildo de Gran Canaria, con el fin de acortar la duración del recorrido y dar cabida televisiva a todos los municipios. Lejos de entenderlo como un obstáculo, el pueblo ha encontrado otros cauces para no dejar perder la tradición: Teror y su parroquia siguen acogiendo esta muestra de devoción, permitiendo que la ofrenda cumpla con su auténtico propósito, que no es otro que acercar las plegarias a la Virgen del Pino.
Desde la Asociación Cultural Tasate se respalda este esfuerzo como símbolo de unidad de los pueblos y barrios del distrito Tamaraceite–San Lorenzo–Tenoya. Para Tasate, esta ofrenda no es solo un acto religioso: es un baluarte de la cultura, de la historia y de la tradición, expresión de un legado compartido que refuerza los lazos de una comunidad.
Y así, cada septiembre, la ofrenda vuelve a renacer. No como una reliquia estática, sino como un gesto vivo que trasciende generaciones. Porque las tradiciones, cuando se nutren de la fe del pueblo, no se apagan ni con el tiempo ni con las dificultades: se convierten en liturgia popular, en canto de identidad y esperanza, recordándonos que la memoria y la devoción son las raíces más firmes de Teror y de Gran Canaria.





